Sin que te mueras quiero santificar tu nombre
Los dos cuerpos
Las dos almas enredadas
Pintar casas de colores
Caminos de colores
Sembrar flores silvestres en este cemento
Hablar con niñas bobas que no entienden nada de nada
Casi como yo que entiendo poco, muy poco.
Santificar el tiempo en que te abrazo
Santificar tus ojos
Santificar la posibilidad de creer, la certidumbre de creer en ti.
Para Erick
28 de mayo de 2001
martes, 24 de septiembre de 2013
viernes, 20 de septiembre de 2013
Incesante
Sin parar ha llovido por cincuenta días y sus noches.
El pavimento de la ciudad está continuamente mojado y empieza a cobrar vida pues lo cubre una lama verde.
El pasto en las banquetas y en los parques es salvaje y enorme.
Crecen flores extrañas y hermosas, es un gozo verlas.
Las personas sin paraguas corren por las calles buscando un techo.
El agua trae un frío que cala los huesos.
El andar de los autos suena diferente, el reflejo de sus luces es distinto.
El país se cubre de un agua que no para, no termina, se hace más y más.
Pareciera algo infinito este llanto del cielo.
No tiene clemencia esta tormenta.
Se lleva todo lo que encuentra a su paso.
Casas, coches, vidas, puentes, alegrías alguna vez sentidas...
Devora.
Cae sobre mi.
Me moja la ropa y el cuerpo.
Empapa mi alma, mis pensamientos, mis recuerdos.
Me traga.
Me escupe.
Me confundo con ella.
Acaricia mi cintura, mi cuello, mi pecho.
Es un atrevimiento.
Se escurre por mis mejillas.
Se mezcla con mis lágrimas.
Me humedece la nostalgia.
Trae con su sonido viejos poemas que taladran el corazón.
No puedo soportarla más.
No aguanto más su música que por un lado arrulla y por el otro mata.
El pavimento de la ciudad está continuamente mojado y empieza a cobrar vida pues lo cubre una lama verde.
El pasto en las banquetas y en los parques es salvaje y enorme.
Crecen flores extrañas y hermosas, es un gozo verlas.
Las personas sin paraguas corren por las calles buscando un techo.
El agua trae un frío que cala los huesos.
El andar de los autos suena diferente, el reflejo de sus luces es distinto.
El país se cubre de un agua que no para, no termina, se hace más y más.
Pareciera algo infinito este llanto del cielo.
No tiene clemencia esta tormenta.
Se lleva todo lo que encuentra a su paso.
Casas, coches, vidas, puentes, alegrías alguna vez sentidas...
Devora.
Cae sobre mi.
Me moja la ropa y el cuerpo.
Empapa mi alma, mis pensamientos, mis recuerdos.
Me traga.
Me escupe.
Me confundo con ella.
Acaricia mi cintura, mi cuello, mi pecho.
Es un atrevimiento.
Se escurre por mis mejillas.
Se mezcla con mis lágrimas.
Me humedece la nostalgia.
Trae con su sonido viejos poemas que taladran el corazón.
No puedo soportarla más.
No aguanto más su música que por un lado arrulla y por el otro mata.
lunes, 8 de abril de 2013
Cuentito
Esta persona de la que les voy a contar tomó una escalera y la recargó sobre la ventana mas alta que encontró.
Subió por la escalera.
Abrió la ventana de mi corazón y sin más ni más se aventó al vacío.
Al caer al piso se desnucó instantáneamente.
Mi corazón ha quedado con un dolor inmenso, tal vez porque el suicida olvidó cerrar la ventana y quitar la escalera, y además, el espíritu del muerto se ha mudado a mi mente y ahí se la pasa dando vueltas y vueltas sin parar.
martes, 26 de marzo de 2013
Los videos de mi cabeza
Recuerdo, déjame en paz.
No me espíes.
Deja de perseguirme por las calles.
Yo te miro de reojo y corro por las banquetas entre la gente.
Tu corres atrás de mi hasta que llego a un callejón sin salida y ahí tu me acorralas y sacas tu cámara de videos del pasado, la proyectas en mi cerebro, y
luego, no contento aún, la proyectas en mi corazón.
Después quedo yo tirada en el piso, exhausta, con mi corazón en mi mano todo roto y ensangrentado y sin saber que hacer con él.
Mis pensamientos confundidos.
Tu me miras satisfecho.
Tus videos están todos regados en el piso.
Todos en play simultáneamente.
Oigo voces y risas del pasado.
Pero eso ya no está.
No puedo tocarlo.
Aunque estire las manos.
Tu te carcajeas.
Tan satisfecho como quien termina de comer un buen banquete.
Suspiras de placer.
Recojes tus vídeos y con tu cámara al hombro te vas, dejándome ahí tirada casi sin poder respirar porque se que la gloria del pasado no volverá jamás .
Mañana volverás otra vez.
Diario me haces lo mismo.
Pero como ya no quiero más esta situación, he decidido conseguir una pistola.
Te voy a matar.
Cuando te vea venir te dejaré acercarte y cuando estés a sólo unos pasos de distancia sacaré la pistola de mi abrigo y te dispararé.
Será instantánea tu muerte.
Limpiaré toda la sangre y ya no habrá rastro alguno de ti.
Ni siquiera recordaré porque tengo esa pistola en la mano.
Mi mente y espíritu estarán en blanco, serán brillantes y podré escribir en ellos historias nuevas con tintas de arcoiris y con finales felices.
Y nacerá un familiar tuyo, será benévolo porque cuando me vea siempre sonreirá amablemente, y acariciará mis mejillas suavemente y con ternura.
viernes, 11 de enero de 2013
Balas
¿Cómo puede la tierra seguir girando después de que un loco balaceó a veinte niños en Connecticut?
¿Cómo no le duele el alma al mundo?
Escucho a mis niñas junto a mi jugando a ser princesas,
y pienso de inmediato en los padres de los niños asesinados.
No puede existir un dolor mayor al que ellos deben estar sintiendo, y
sin embargo, la vida seguirá.
El hombre y las armas, ¿Hasta cuándo?
Me duele el pecho.
Escucho a mis niñas cantando.
La infancia es lo mas valioso que la humanidad tiene,
pero al parecer importa más la venta de armas.
Si se pudiera regresar el tiempo; los padres de los niños masacrados en el colegio de Connecticut no estarían llorando ahora sino abrazando a sus hijos.
¿Hasta cuándo se van a repetir estas historias?
Oigo las vocecitas de mis niñas y sus risas.
Rezo a algún dios porque un aura protectora las cubra a ellas y a todos los niños y niñas que existen.
Trato de acercar mi alma a la de los padres de los niños muertos.
Pero a ellos ya nunca nadie les podrá sacar las balas que les han quedado en el alma, esas ahí se quedan y lastimarán por toda la vida...
¿Cómo no le duele el alma al mundo?
Escucho a mis niñas junto a mi jugando a ser princesas,
y pienso de inmediato en los padres de los niños asesinados.
No puede existir un dolor mayor al que ellos deben estar sintiendo, y
sin embargo, la vida seguirá.
El hombre y las armas, ¿Hasta cuándo?
Me duele el pecho.
Escucho a mis niñas cantando.
La infancia es lo mas valioso que la humanidad tiene,
pero al parecer importa más la venta de armas.
Si se pudiera regresar el tiempo; los padres de los niños masacrados en el colegio de Connecticut no estarían llorando ahora sino abrazando a sus hijos.
¿Hasta cuándo se van a repetir estas historias?
Oigo las vocecitas de mis niñas y sus risas.
Rezo a algún dios porque un aura protectora las cubra a ellas y a todos los niños y niñas que existen.
Trato de acercar mi alma a la de los padres de los niños muertos.
Pero a ellos ya nunca nadie les podrá sacar las balas que les han quedado en el alma, esas ahí se quedan y lastimarán por toda la vida...
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