viernes, 11 de enero de 2013

Balas

¿Cómo puede la tierra seguir girando después de que un loco balaceó a veinte niños en Connecticut?
¿Cómo no le duele el alma al mundo?

Escucho a mis niñas junto a mi jugando a ser princesas,
y pienso de inmediato en los padres de los niños asesinados.
No puede existir un dolor mayor al que ellos deben estar sintiendo, y
sin embargo, la vida seguirá.

El hombre y las armas, ¿Hasta cuándo?
Me duele el pecho.

Escucho a mis niñas cantando.
La infancia es lo mas valioso que la humanidad tiene,
pero al parecer importa más la venta de armas.

Si se pudiera regresar el tiempo; los padres de los niños masacrados en el colegio de Connecticut no estarían llorando ahora sino abrazando a sus hijos.

¿Hasta cuándo se van a repetir estas historias?

Oigo las vocecitas de mis niñas y sus risas.

Rezo a algún dios porque un aura protectora las cubra a ellas y a todos los niños y niñas que existen.
Trato de acercar mi alma a la de los padres de los niños muertos.
Pero a ellos ya nunca nadie les podrá sacar las balas que les han quedado en el alma, esas ahí se quedan y lastimarán por toda la vida...