Soy Milena Rosales, nací hace 11 años en una comunidad lejana a cualquier ciudad. Cuenta mi padre que mi nacimiento fue dramático, que una partera de dudosa experiencia atendio a mi mamá, que ella gritaba de dolor, y que al final se asomaron dos cabezas juntas que la desgarraron, provocándole una hemorragia tal que le causó la muerte. Así, mi hermana Juanita y yo nacimos entre un mar de sangre, del cual fuimos rescatadas por mi padre y la comadrona, quienes quedaron perplejos al ver que éramos un solo cuerpo y dos cabezas idénticas. Mi padre nos llevó a la gran ciudad, para que los doctores emitieran una opinión sobre el caso. Después de muchos estudios determinaron que eramos perfectamente funcionales y normales, si es que así se le puede llamar a un ser con dos cabezas. Le propusieron a mi padre sacrificar una de las cabezas, le dijeron: mire señor usted escoja la cabeza que más le agrade y la otra la podemos cortar en cirugía, sin mayor problema, y sólo cosemos el hueco que quede en el hombro y listo. Mi padre se aterrorizó con la idea, nos amaba de igual forma a ambas como para guillotinar a una. Entonces, tomó a sus bebés y regresó con nosotras a casa, no sin antes tener que lidiar con una serie de fotógrafos y periodistas que lo asediaron porque para ese momento nuestro caso ya era una noticia muy sonada a nivel mundial. Mi padre, para protegernos del mundo, construyó una casa hermosa y enorme para nosotras, y de aquí no salimos nunca, no vamos al colegio, él nos enseñó a leer y escribir, a sumar y a restar, las cosas básicas. Todo es muy bonito en esta casa, pero mi hermana y yo nos sentimos aprisionadas. Hemos visto en la televisión y en los libros que las personas tienen una sola cabeza, escuchamos en la radio como se habla de nosotras como si fuéramos un fenómeno. Mi hermana y yo no somos felices, por eso hemos pensado sacrificar a una de nosotras; si mi padre no quiso cortarnos una cabeza, nosotras si lo haremos, y así por lo menos una podrá conocer el mundo. Mi hermana me ha pedido que sea yo la que le corte la cabeza, ella no se atreve a hacerlo, así que la voluntad tendrá que salir de mi cerebro. He robado un machete de mi padre. Lo he afilado bien. Estoy decidida a hacerlo, no le diré a Juanita cuándo, simplemente lo haré.
Anoche, después de que mi papá se fue a acostar y mi hermana y yo nos quedamos solas, esperé a que ella se durmiera, tomé el machete y de una le rebané la cabeza, su cráneo rodó por el piso y la sangre no ha parado de salir de mi hombro como una fuente. He intentado coserme con hilo y aguja, pero no lo logro, sigo sangrando, ya son las seis de la mañana, mi padre aún no despierta y yo no tengo fuerzas ni para gritarle auxilio...