Antes los corazones estaban en su sitio; dentro del cuerpo...
Hay una especie de epidemia que ya ha atacado a demasiados seres humanos. No existe la cura todavía.
Los síntomas consisten en mareos fuertes, dolor de estómago, taquicardias y unas ganas de vomitar insoportables. Lo extraño de este asunto es que todos los afectados vomitan exactamente lo mismo: Su corazón.
Casi siempre los corazoncitos caen directo a la taza del baño, pobrecitos. Comienzan a nadar tratando de no ahogarse y de salir de ahí. Casi todos gritan cosas incomprensibles, pero por el tono del grito se ha llegado a suponer que suplican auxilio. Los enfermos quedan exhaustos, tirados en el piso, recargados en el inodoro con la cara color verde y con ojeras negras. Sin fuerzas para nada y con cierto alivio físico. Después de unos segundos reaccionan y escuchan los gritos, no saben de dónde vienen. De repente se dan cuenta de que vienen del w.c. Voltean la mirada hacía ahí y se percatan de que su corazón está tratando de salirse de ese lugar. Eso si, los corazones nunca dejan de latir. Desde el inodoro lo hacen fuertemente pues están asustados. Suplicantes. La persona entonces ve que de su boca sale una arteria muy larga que se conecta con su corazón. Entonces, jala la arteria y saca al corazón del inodoro, como si fuese una cuerda salvavidas. Después carga a su corazón. Lo observa. Sin sentir nada lo suelta y sigue su vida normal, pero ahora con la única diferencia de que un corazón lo sigue siempre a todas partes pues lo trae pegado a su arteria. A la persona no le importa ni le incomoda tener la arteria salida por la boca, come como puede y hablar no le interesa mucho, comunicarse con las personas no le parece tan necesario, y piensa que hay cosas más importantes en la vida.
A todas las personas que sufren esta enfermedad les pasa exactamente lo mismo. Que curioso.
El corazoncito sigue sonriente a su dueño. El dueño no lo determina, pero el corazoncito no se cansa de jalar fuertemente e inutilmente la arteria que lo conecta a su amo como para que este sienta el jalón y por lo menos lo volteé a mirar.
Cuando un dueño escucha las noticias que generalmente hablan de un gran caos, el corazoncito siente un dolor fuerte en su pecho. Su dueño no siente nada, sólo le importa su propio bienestar, no le importan los demás, piensa que es lo normal y sigue la vida mecanicamente.
Un dueño llega a un parque en una mañana fresca. Huele a tierra mojada. En los árboles se ven gotas de rocío. Entre sus ramas se cruza la luz del Sol, se oyen cantos de pájaros, todo está tan vivo ahí. El corazón suspira, respira, se infla de gozo y sonríe. De pronto siente que la arteria le da un jalón fuerte, es su dueño que ha empezado a trotar. El corazón le comenta sobre todo lo que ha sentido al llegar al parque. Su dueño lo escucha con atención y lo observa fijamente pero sin expresión alguna en los ojos y le responde que eso son tonterías.
Regresan a casa. El dueño del corazón se alista para irse a trabajar. Se sienta en el comedor para desayunar algo antes de irse, a su lado en otra silla se sienta el corazón. El dueño le grita a su empleada, ella entra al comedor. El corazón la mira y le sonríe, ella lo mira y le sonríe. El corazón le dice buenos días, ella le dice buenos días. El patrón ni siquiera la voltea a ver a ella, sólo le dice tráeme mi desayuno rápido que ya es tarde. Pronto ella le sirve el desayuno. El dueño empieza a comer. Al corazoncito le llega por la arteria la sensación del sabor de la comida, se lame los bigotes, se soba su barriguita de gusto. El dueño no siente nada, sólo come como si fuese una máquina. Termina el desayuno, se levanta de la mesa sin decir nada y jala a su corazón porque lo trae pegado. El corazoncito grita "Gracias" a la empleada.
Al llegar a la oficina, el dueño saluda friamente a sus compañeros. Hay varios ahí que ya traen el corazón salido por la boca. Es curioso, todas estas personas tienen una mirada inexpresiva, como si estuviesen muertos. Es simpático ver como hay muchísimos corazoncitos revoloteando por el lugar. Cuando los corazones se ven por la mañana se saludan muy cariñosamente y conversan amablemente. Los dueños se sientan en frente de un computador a trabajar y durante largas horas no voltean a ver a nadie, son sólo ellos y sus maquinas. En cambio los corazones aprovechan el tiempo para abrazarse entre ellos, para leer poemas, para escucharse y para trabajar en equipo.
Y asi la vida sigue, con personas que son muertos andantes y que cada vez son más y más.
En este mundo ya no importa lo que siente el corazón.
La única cura sería regresar los corazones a su sitio de orígen.
Entonces, el dueño tendría que tragarse de algún modo a su corazón, regresarlo a su lugar. Asi el dueño, volvería a sentir, volvería a vivir, no andaría como un robot por las calles, sentiría respeto, amor o compasión por las otras personas.
Y pues si, las personas que aún no sufren de este mal buscan la solución. Cuando sienten mareos los evaden; piensan en una noche estrellada, en un atardecer, en un campo de girasoles, en cuando se toca y se besa a quien se ama.
Han convocado a un gran concurso en el que los ganadores serán los que en menor tiempo traguen su corazón y lo devuelvan a su sitio.
Esperemos que funcione y que no todo esté perdido.