martes, 9 de octubre de 2012

El quehacer de la casa

La recogí una mañana lluviosa, en el verano de 2001. Yo iba en mi coche y la vi a ella caminando por la banqueta y sin un paraguas ni impermeable para cubrirse del aguacero. Estaba empapada de pies a cabeza. Paré el auto cerca de ella. Bajé mi ventanilla y le pregunté: "¿Quiere que la lleve?"
Ella asintió con la cabeza sin decir palabra. Caminó por adelante de mi coche dirigiéndose a la puerta del copiloto, la cual abrió rapidamente, entró al vehículo y se sentó. Me miró y me dio las gracias. Le pregunté que a dónde iba. Me dijo que sólo dos cuadras adelante estaba su casa. La llevé hasta ahí. En el corto camino no hablamos gran cosa, sólo las palabras que se necesitan para volver a ver a alguien en un tiempo futuro. Era una mujer como de unos cincuenta y cinco años, con la piel arrugada y con un rostro triste pero amable. "Yo también vivo aquí cerca" le dije. "¿Cómo te llamas?"
Tardó en contestar algunos segundos, como si mi pregunta le estuviera llegando a los oídos desde un país muy lejano. "Margarita Lombardo" contestó ella. Antes de bajarse del auto me dio las gracias y después me dijo que necesitaba un trabajo, que podía limpiar, planchar y lavar, cocinar, en fin. Por algún motivo que aún no conozco, sentí que ella era una persona de fiar y la invité a trabajar en mi casa. "Que coincidencia" le dije "Yo me acabo de cambiar aquí cerca y necesito a alguien que me ayude con todo el quehacer" y así, sin mas ni mas terminé diciéndole " te espero mañana a las nueve de la mañana, calle Prolongacíón Juárez número trece, casa 10".  Ella me dijo que ahí estaría, y se bajó del coche. Vi como entró a una casa, que según me había comentado momentos atrás era la suya.
A la mañana siguiente Margarita tocó a mi puerta y desde entonces se quedó a trabajar conmigo. De eso, han pasado ya más de diez años. Desde que la conocí sentí que ella era fiel, leal y honesta conmigo. Sin embargo, hace aproximadamente un mes, Margarita comenzó a sentirse mal; mareos, dolores de cabeza, vomitos con sangre, y su cuerpo comenzó a despedir un olor muy extraño, como a descompuesto, como a podrido. Entonces, le ofrecí llevarla a un medico, debía atenderse, pero en un pricipio ella no quizo, consideró que no era necesario. Sin embargo, finalmente, después de mucho insistirle, ella accedio.
La acompañé a una clínica que está cerca de mi casa. Al llegar, en la recepción nos preguntaron que quién era el paciente. "Yo" respondió Margarita. La persona que nos atendía le pidió entonces una identificación a Margarita. "No tengo ninguna" contestó ella. ¿No tienes ni un acta de nacimiento, ni un pasaporte o cualquier otra credencial que te identifique? le pregunté. "No tengo nada" aseguró.
El recepcionista de la clínica dijo que así no la podrían atender. Nos retiramos del lugar.
Al salir de ahí, la llevé en mi auto hasta su casa. En el camino le dije que tendría que ir a las oficinas del registro civil a solicitar copias certificadas de su acta de nacimiento. "No puedo hacer eso" me dijo. Le pregunté por qué. "Porque no me llamo Margarita Lombardo" me contestó ella. No pude decir ni una palabra más, me sentí completamente traicionada, no entendía cómo podía confesarme semejante cosa después de diez años. Ninguna de las dos abrió la boca hasta que paré el auto en frente de la puerta de su casa. Entonces, le pregunté "Por qué me mentiste?" Ella me miró fijamente a los ojos y me respondió "Porque alguna vez tuve un nombre, y ese fue Librada Martínez, y alguna vez tuve un acta de nacimiento, hace mucho tiempo, pero ahora lo que tengo es sólo esta acta de defunción con el nombre que tuve".Y así, abrió su bolso y de él sacó un papel arrugado, me lo entregó, lo miré, y leí "Acta de Defunción" en el encabezado, "occiso(a) Librada Martínez, fecha del deceso 13 de enero de 2000." Sin mas, me dijo hasta luego y se bajó del coche. Vi como se dirigió hacía la puerta de su casa, la abrió y desapareció detrás de ella.

A la mañana siguiente no apareció en mi casa, la esperé muchas mañanas, algo asi como diez mañanas, nunca me llamó por teléfono como solía hacerlo cuando no podía ir a trabajar. Un buen día decidí ir a buscarla, no podía ser real lo que me había dicho aquel día que nos despedimos, tenía que ser una broma, algún juego extraño, todo se aclararía y volvería a ser como antes. Llegué a su casa, toqué la puerta, me abrió un hombre, como de unos sesenta y tres años. Atrás de él vi colgada sobre una pared blanca una fotografía de Margarita o de Librada. El señor me dijo "Dígame, qué se le ofrece?"

"Buscó a Librada" le dije. "¿Librada? Ella murió hace once años. Fue atropellada una noche lluviosa, aquí cerca, a dos cuadras" afirmó él. "¿Es ella? ¿Es la de la foto que está atrás de usted colgada en la pared?" le pregunté. "Si es ella, fue mi hermana, y aunque ha pasado tanto tiempo, no sabe como la extrano", me dijo. "¿Usted la conoció?" inquirió él. "Si, y también la extraño mucho, creámelo" le manifesté. Él intentó hacerme más preguntas, pero yo no pude seguir mas ahí.

Y así sin mas, me despedí de él, sin entender nada, sin volverla a ver jamás, y sin saber si realmente algún día la vi en realidad.




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