martes, 24 de mayo de 2011

¿Dónde está mi peluquera?

Toda la vida mi pelo anduvo de mano en mano. De tijera en tijera. Un día llegó a mi vida esta persona. Tocó a mi puerta.

Pregunté: ¿Quién es y qué se le ofrece?

Dijo: Soy peluquera, mire mis tijeras.

Me mostró las tijeras más bonitas que jamás hubiera visto. Brillaban tanto que al mirarlas podía ver parte de mi reflejo en ellas. Eran enormes y muy afiladas. Al menos eso me parecieron.

Le dije:
Yo no la conozco a usted, ¿por qué habría de confiar en una extraña con tijeras?

Ella sonrió y al sonreír mostró los dientes, tenía uno de los de adelante cubierto con oro, su brillo me deslumbró.

En seguida me dijo:
No se va a arrepentir.

Como hipnotizada yo le abrí la puerta a la mujer.

Ella entró de inmediato a mi casa, cargando sus tijeras, las cuales apenas cupieron por la puerta. Noté que ella cojeaba. Me dijo que se llamaba Lucha. Le pregunté el precio por el corte de pelo. Dijo que por cualquier corte cobraría ochenta pesos.

Entramos a la casa. Me senté en una silla. La primera que encontré. Sacó un plástico. Lo extendió sobre mi. Lo amarró en mi cuello. Mi cabeza fue lo único que quedó descubierto.

Empezó a cortar mi pelo con sus enormes tijeras.

Desde entonces mi pelo cambió. Comenzó a crecer y a brillar. Y pasaron cosas muy extrañas. Había mañanas que yo despertaba, me miraba al espejo y tenía el pelo suelto, muy bien peinado y con florecitas que formaban una diadema. Otro día desperté y tenía el pelo muy rojo y muy lacio, pero no muy largo, un buen estilo, sin duda. Un día tuve unos rizos. También desperté alguna vez con el pelo morado. Hubo una ocasión en la que no tenía yo ni un pelo en la cabeza y sólo mariposas de colores cubrían mi cuero cabelludo. Fue lindo ese día, no se despegaban de mi las mariposas. Por la noche se fueron a dormir conmigo, y a la mañana siguiente ya se habían marchado.

Asi pasaron muchos años y tuve muchos peinados diferentes. Yo era feliz cambiando el corte y el color de forma frecuente. Pero hace una semana sucedió algo. Amanecí calva. Es verdad.

Traté de localizar a Lucha por todas partes. Ella no aparece. Es como si la tierra hubiera abierto un hueco y se la hubiera tragado. Pero cómo saber dónde está ese hueco. Dónde estarán las tijeras. Tal vez las tijeras se la tragaron a ella. Eran tan enormes.

El problema fundamental es que a partir de que me descubrí calva el pelo no me ha parado de crecer y crecer y crecer…A una velocidad desmedida. Hoy ya tengo el pelo hasta los pies. Me cubre la cara y todo el cuerpo. Ya he comenzado a tropezarme con él. Me pesa un montón y no hallo cómo recogérmelo.
Por favor si alguien sabe de ella hágamelo saber. Es una mujer coja que lleva en sus manos unas tijeras enormes. Inconfundible. Daré recompensa al que me la traiga a mi domicilio. Necesito que regrese.

He llamado a otros estilistas. Me han cortado el pelo, pero a los pocos minutos lo tengo igual o más largo que antes del corte. Sólo ella pueda resolver mi problema, estoy segura. Ahora veo que mi pelo ya se arrastra. Cuando deje de escribir esto y me ponga a caminar, seguramente trapearé el suelo con mi cabellera.

Siento temor.

Un día le dije que me dejara tomarle una foto, le tenía tanto cariño que quería tener un recuerdo de ella. Ella accedió, y sonrió ante la cámara mostrándome su gran diente de oro y sus enormes tijeras, las cuales, por supuesto, también aparecen en la foto.

Sacaré copias de esa foto y las pegaré por toda la ciudad. Seguro que alguien la encontrará.

….

Alguien toca a mi puerta. Me asomo y sólo veo a las tijeras enormes caminando de lado a lado. Me acerco y las miro. Sus filos están ensangrentados. Les abro la puerta y entran a mi casa.
Me cuentan que Lucha ha muerto…

1 comentario:

  1. ¡Genial! ¡Tranportas! no le voy a abrir a ninguna peluquera con diente de oro... Aunque pensandolo bien no me vendría mal que me saliera un poco de pelo y si me quedara calvo, tampoco perdería mucho... lo malo es quedarse sin cabeza

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